Satanizar las cosas

Las personas hemos tomado la mala costumbre en tiempos recientes, de querer satanizar todo aquello que nos quita tiempo, energía o dinero. Por ejemplo, un hombre que es adicto a un prostíbulo maldecirá y condenará su adicción al placer a las mujeres que allí se encuentran meramente trabajando, un fumador compulsivo que no encuentra como vivir sin fumar al menos una caja de cigarros diaria, se encontrará maldiciendo el tabaco, la nicotina, la labor que ejercen aquellos que venden cigarros para vivir y una persona obesa, adicta a la azúcar y a la comida chatarra se mantendrá firme de que la causa del mal estado sobre el cual se encuentra su cuerpo, yace bajo la responsabilidad de las cadenas de comida rápida, las compañías de refresco y los aditivos en los alimentos.

Pero… ¿Esto realmente es cierto?

Si es verdad que muchos de los productos comercializados globalmente, poseen ciertas propiedades adictivas, también es cierto que estas personas están asumiendo su falta de determinación para poder existir sin consumir esto que tanto mal les hace. Cuando realmente una persona obesa dice que no puede comer sin beber refresco por ejemplo, porque es muy aburrida una comida con agua; se está limitando a sí mismo y a la voluntad que se encuentra dentro de todos los seres humanos para poder mejorar día tras día. Es verdad, consumir agua todos los días por el resto de tu vida podría tornarse fastidioso, pero el autocontrol no significa dejar lo que te gusta por completo, es asumir que tienes una condición dañina hacia ti y debes regularte.

A veces, la aprobación ajena nos hace también satanizar las cosas, digamos que hay una persona adicta a las redes sociales, pierde mucho tiempo en estas, siente que podría utilizar mejor su tiempo, etc. Esta persona crea un estado llamando la atención de la gente que le conoce y le sigue, anunciando que dicha red social es una porquería y por ende, dejará de usar la misma, la publicación recibe numerosos elogios, “likes”, como quieran llamarle, la persona entonces decide de cerrar su cuenta…Y a los dos días ya volvió, sigue atacando la red social pero realmente no cambió nada en su vida. Esto pasa porque las personas prefieren confiar sus decisiones en la aprobación ajena que, en realmente lo que podría traer un cambio saludable en sus vidas, sin necesidad de dejar por completo estas actividades que nos traen algo de alivio de la cotidianidad y mero placer, pero somos muy necios como para entender a veces, que solo necesitamos autocontrol.

Otro claro ejemplo moderno, es alguien que gasta todo su dinero en cosas que no necesita, como accesorios, videojuegos, zapatos demás, etc. Todos tenemos gustos y hobbies y eso no está mal, ya que tenemos la capacidad mental de encontrar entretenimiento en situaciones y objetos que otros seres vivos no entienden y eso es una de las virtudes más hermosas de los humanos, porque le ha abierto la puerta a la creación y a la diversidad. Pero nuevamente recaemos en que las personas en vez de asimilar que están haciendo mal y hacer un cambio progresivo y sano de autocontrol, se empiezan a condenar por ser adictos a las compras, a procrastinar jugando, a adquirir más de lo necesario…Si solo estas personas entendieran que bajando el consumo podrían alcanzar un equilibrio, dormirían más tranquilos de noche.

El cigarro y el alcohol, de igual manera son drogas creadas con componentes adictivos y lamentablemente mucha gente cae en adicciones graves por culpa de las sensaciones de escapismo que estas pueden otorgar cuando se usan en grandes dosis. Yo creo, que si las personas se dedicaran a crear una vida que no es tan terrible, como para querer escapar de ella con drogas legales o ilícitas, no serían arrastrados al juego de las corporaciones de los consumidores co-dependientes. Está bien tomarse una copa y algunas cervezas de vez en cuando, al igual que fumarse un puro o un cigarro una vez cada cuando trae sus propios beneficios con el estrés y algunas enfermedades del corazón, pero si decidimos entregar nuestra estabilidad a estos productos, entonces hemos renunciado a nuestra libertad. Todos tenemos voluntad y no debemos ignorarlo.

Y para aquellos adictos al sexo prepago, yo no soy nadie para juzgarlos, ya que todos tenemos nuestras propias culpas y pecados, entiendo por qué alguien podría recaer en dar dinero a cambio de placer, al final de cuentas, eso es lo que todos hacemos ¿no? Pero, como cualquier ser humano, ustedes tienen la capacidad del control y de examinarse a ustedes mismos, la adicción al sexo puede significar una grave falta de cariño y soledad, al igual que falta de estima cuando uno piensa que la única manera de encontrar un compañero sexual es pagándole. Yo no apoyo el conformismo, por eso no voy a hablar de amor propio si ustedes sienten que no se aman, pero sí creo en la superación. Y la superación comienza cuando nos analizamos y determinamos que es lo que nos desagrada de nosotros mismos, de esta manera lo cambiamos y seremos capaces de conllevar una vida donde nos sintamos a gusto con nosotros mismos e incluso conseguir esa vida sexual que deseamos sin necesidad de pagarle a nadie.

Lo único que nos está limitando de alcanzar y hacer lo que realmente queremos lograr, no son las redes sociales, no es la comida chatarra, no es el alcohol, no es el cigarro y no es una sociedad sobresexualizada. Somos nosotros mismos, olvidando nuestra fuerza de voluntad.

Cura Te Ipsum.

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