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A lo lejos de mi ventana, podía ver como detrás del edificio los árboles y plantas se movían en sintonía con el viento, la luz dorada del atardecer bañaba el paisaje y una antena llena de hojas resaltaba de los árboles… Pero lo que realmente me hizo detenerme y admirar la vista era una palmera erguida entre los verdes danzantes, podía ver como se movía con más libertad que cualquier otro árbol que ahí estuviera, como una mujer caribeña que resalta en una reunión europea. Tengo la dicha de esta vista y tengo la dicha de coexistir con la palmera.

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